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La imagen que tenemos del mundo es el filtro fundamental a través del cual creamos nuestra realidad. Imaginemos que cada persona lleva unas gafas y ve todo lo que la rodea exclusivamente a través de esas lentes.
Vivimos en una realidad virtual creada por la mente, llena de distorsiones, enganches emocionales e historias traumáticas que restringen nuestro campo visual. Por esta razón, no vemos las cosas como son, sino como somos nosotros.
Especialmente cuando una persona se esfuerza por concentrarse solo en lo «positivo», cae en la trampa dualista del 3D: si una cosa es blanca, la otra debe ser negra; si una es correcta, la otra es incorrecta. Al hacerlo, la «negatividad» simplemente se ignora o se reprime, no se transforma.
Muchas personas tienen instalado en su software mental el programa «o una cosa o la otra»: o eres inteligente o eres guapo. Rara vez se les ocurre buscar la opción cuántica en la que se es tanto inteligente como guapo. Tu atención ya está truncada, limitada por tus creencias (a menudo inconscientes, derivadas de la infancia) y por experiencias traumáticas.
Por eso es crucial la idea general que tenéis del mundo y de cómo funcionan las leyes en él. Hablemos, pues, de lo que ha supuesto la masiva popularización de la espiritualidad y cuál es el gran engaño del «pensamiento positivo».
Pros y contras de la popularidad de la espiritualidad
Hoy en día asistimos a un auge de la espiritualidad, la psicología y la canalización. Por un lado, esto es una ventaja: cada vez más personas se acercan a estos temas y pueden acceder a herramientas de despertar que antes estaban reservadas a unos pocos.
Por otro lado, sin embargo, hay una enorme desventaja relacionada con la superficialidad. Hay un consumo de información «rápido y fugaz», un conocimiento fragmentado. Las personas no profundizan, no construyen los cimientos necesarios para sostener una verdadera expansión de la conciencia.
En primer lugar, muchos no conocen sus propios valores reales y terminan viviendo según los valores impuestos por gurús o tendencias del momento. En segundo lugar, faltan las bases estructurales. Un gran número de personas no lee, o solo lee libros «populares», que ofrecen ideas pero no profundidad. Pocos se molestan en juntar las piezas del rompecabezas para comprender cómo funciona realmente el universo.
Recuerdo cuando empecé con los clásicos de finales del siglo XIX y principios del XX. Nunca olvidaré a Max Heindel: leía literalmente un párrafo cada vez, porque mi cerebro se «derretía» por la densidad de la información. Tenía que parar, digerir y asimilar esos conceptos en mis células.
¿Cómo se compone la propia imagen del mundo?
¿Cuál es el resultado de esta divulgación masiva? Hoy en día estamos bombardeados por la información. La gente salta de una fuente a otra y a menudo encuentra datos contradictorios. Si preguntas aquí te dicen una cosa, si preguntas allá te dicen otra. ¿Qué se saca de eso? Falta el vínculo principal, la visión de conjunto.
Imagina un rompecabezas casi completo al que le faltan algunas piezas. Cuando encuentras una nueva pieza (una nueva información), tienes que ver si encaja en tu imagen del mundo. Si encaja, bien. Si no encaja, o la tiras, o es una señal de que tienes que reconsiderar todo el cuadro: tal vez tu visión del mundo era imprecisa y hay que ajustar la estructura.
Pero la mayoría de la gente no hace este trabajo meticuloso. Tomemos el ejemplo de los chakras: hay quienes hablan de 7 chakras, quienes de 9, quienes de 12… Una persona novata entra en pánico: «¡No sé a quién creer!». El problema no es la información, es la falta de discernimiento interior.
Por qué no basta con «ser Luz y Amor»
De ahí surgen las ideas erróneas acumuladas a lo largo de los años: nos dicen que solo tenemos que «ser Luz». Es cierto, en esencia somos Luz. Pero esto solo funciona si los cimientos son sólidos y si se ha limpiado el «sótano» (el subconsciente).
¿Qué os hacemos hacer durante los recorridos serios? Escribir, excavar, integrar la sombra. Si sacáis del contexto solo la parte final del arcoíris e ignoráis el trabajo sucio, al primer fracaso o momento de crisis os derrumbaréis. Caeréis directamente al sótano, al nivel más bajo, porque no habéis construido las escaleras para volver a subir.
La única manera de no caer es construir bases internas sólidas. Simplemente sonreír, fingir estar radiante y positivo mientras por dentro hay caos, no funciona. Es una máscara. Si tienes traumas sin resolver o creencias limitantes («soy estúpido», «no lo merezco»), poner una sonrisa no servirá de nada. Si la vida te derriba, debes tener las herramientas para afrontar el golpe, no para fingir que no duele.
¿Existen recetas preparadas para la felicidad?
A menudo me encuentro con mensajes del tipo: «Estoy haciendo afirmaciones para ser feliz, pero no lo estoy consiguiendo. Dame la receta paso a paso».
Cada vez que leas una reseña de alguien que dice: «Hice esta terapia y finalmente soy feliz», no des por sentado que te va a pasar lo mismo en un instante. No sabéis cuál era el punto de partida de esa persona, cuánto trabajo había hecho antes de ese momento. A menudo, esa terapia fue solo la gota que colmó el vaso de la curación, la pieza final de un largo rompecabezas.
No hay garantía de que una sola técnica os haga felices al instante. El crecimiento es un proceso, no un acontecimiento.
El gran engaño del pensamiento positivo
Con la difusión de la Nueva Era, muchos han malinterpretado el concepto de pensamiento positivo. Pensar positivamente no significa hacer la vista gorda ante la negatividad, negar la porquería que a veces nos rodea o forzarse a sonreír cuando se quiere gritar. No es ignorar el negro para ver solo el blanco. El negro no desaparece solo porque cierres los ojos.
El verdadero trabajo es buscar la armonía y el equilibrio. Significa elevarse a una altura —o mejor dicho, descender a una profundidad en tu propio corazón— en la que se mantiene un estado neutral. Independientemente de lo que suceda fuera, mantén tu centro. El bienestar interior no depende de los acontecimientos externos.
La mayoría de la gente solo quiere el «envase bonito» de la espiritualidad, ignorando el contenido. Ignoran que hay que trabajar duro, tener autodisciplina y el valor de sumergirse donde duele, enfrentándose a las resistencias del ego. Si solo coges el envoltorio brillante, no te sorprendas si luego llegan los colapsos y los retrocesos: el sótano sigue lleno de monstruos a los que no has querido mirar a la cara.
Volviendo al tema inicial: construye tu imagen del mundo con cuidado. Incluye los elementos que faltan, descarta lo que no te resuena, pero hazlo con profundidad. Una imagen sólida del mundo no se compra ya hecha, se ensambla meticulosamente, pieza a pieza.
¿Qué criterios utilizas para formar tu visión de la realidad? ¿Solo estás recopilando información o estás construyendo sabiduría?


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