Querida Alma,
Quizás hoy sientas que has agotado tus reservas de energía. Es posible que percibas una sensación de cansancio, un vacío o un ligero «frío» interior que te susurra que te cierres en ti misma y te alejes del mundo. Quiero decirte, con absoluta dulzura, que este estado es profundamente sagrado. No se trata de un bloqueo que superar ni de un defecto que corregir, sino de una llamada inteligente de tu alma.
Observa la naturaleza: al igual que la Tierra retira su savia hacia las raíces para protegerla y nutrirla durante el invierno, también tu sistema energético necesita sus ciclos de gestación silenciosa. No hay necesidad alguna de forzar una floración externa cuando es el momento de descansar y regenerarse en la cálida oscuridad de tu propio espacio interior.
Hoy te invito simplemente a llevar la atención al centro de tu pecho o de tu vientre. Imagina allí una pequeña y tímida brasa dorada. No tienes que soplar sobre ella para obligarla a arder. No se te pide ningún esfuerzo para «ser luminosa». Solo tienes que observar esa chispa con ternura. La simple presencia de tu conciencia amorosa, libre de juicios, es la frecuencia exacta que alimenta ese calor vital.
Deja que este delicado calor te envuelva desde dentro. Permite que tu cuerpo físico se vuelva un poco más pesado, cediendo su peso a la fuerza tranquilizadora y estable de Gaia. Confía en su apoyo incondicional. Recuerda: tu valor no se mide por lo que produces, por lo que resuelves o por lo que brillas en el exterior, sino por la compasión con la que sabes acogerte a ti misma en los momentos en que necesitas detenerte.
Respira suavemente. Escucha el tranquilo latido de la vida que fluye dentro de ti. Todo se está reequilibrando, exactamente como debe ser.
Con cariño y infinito respeto,
Svetlana Cainac
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