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Conflicto y malestar: la paradoja de la energía bloqueada
La ansiedad es a menudo energía de acción no expresada. Descubre cómo el conflicto y el malestar bloquean tu flujo vital y cómo transformar el bloqueo en poder.

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Conflicto, malestar y la paradoja de la energía no expresada

A menudo nos movemos por el mundo sintiendo un peso invisible, una resistencia que no podemos localizar físicamente, pero que pesa sobre cada una de nuestras decisiones, sobre cada uno de nuestros respiros. Nos han enseñado a considerar la ansiedad o el cansancio como enemigos a los que hay que derrotar o, peor aún, como defectos de nuestro carácter. Pero, ¿y si os dijera que estos estados no son errores del sistema, sino señales precisas de una «arquitectura energética» que está tratando desesperadamente de llamar vuestra atención?

La ansiedad suele estar relacionada con un exceso de energía en el plexo solar. Aunque esto es una verdad parcial, hoy quiero invitaros a profundizar más allá de la superficie de los síntomas para explorar la verdadera mecánica del bloqueo interior. La ansiedad no siempre es «demasiada» energía; muy a menudo, es energía poderosa que no encuentra una salida.

Hoy exploraremos juntos la anatomía sutil de lo que nos bloquea, analizando cómo el conflicto interior y la sensación de malestar no son obstáculos aleatorios, sino los guardianes de un umbral que debemos cruzar para recuperar nuestro poder auténtico.

La paradoja del plexo solar: cuando el deseo se convierte en ansiedad

Existe un malentendido generalizado sobre la ansiedad en el mundo del crecimiento interior. Tendemos a pensar que para calmarnos debemos «apagar» la energía, reducirla, sedarla. Pero les invito a hacer una prueba de realidad muy simple e inmediata: ¿cuánto han estado activos últimamente? Y no me refiero a la actividad frenética de la mente que da vueltas en vano, sino a la acción concreta, tangible, en el mundo físico.

El centro de tu poder personal, el chakra del plexo solar, o Manipura, es la forja de la voluntad. Es aquí donde residen tu singularidad, tu sentido del valor y, sobre todo, el impulso a la acción. Cada vez que surge un deseo en tu campo —ya sea el impulso de crear un proyecto, de viajar o simplemente de cambiar un pequeño hábito—, tu sistema energético genera una carga específica. Al deseo se le asigna, literalmente, la energía necesaria para realizarlo. Es como si tu sistema hubiera encendido el motor de un coche potente.

El problema surge cuando encendemos ese motor, pisamos el acelerador, pero mantenemos el freno de mano puesto o la palanca de cambios en punto muerto. La energía ha llegado, está lista, vibra en el sistema, pero tú no la utilizas. ¿Dónde va a parar esa carga? No desaparece. Se estanca, vibra en el mismo sitio y se transforma en esa frecuencia desagradable que llamamos ansiedad. Todo lo que nos rodea empieza a preocuparnos, no porque el mundo se haya vuelto de repente más peligroso, sino porque tenemos un exceso de «combustible» sin quemar que está sobrecalentando el sistema.

Es fundamental distinguir este estado del perfil psicológico de la persona crónicamente ansiosa, que actúa por compulsión. Aquí estamos hablando de una dinámica energética precisa: la energía de la acción que no se convierte en acción.

La medicina, en este caso, es contraintuitiva: no debes calmarte, debes actuar. Debes consumir esta energía. Si sientes esta vibración, haz algo físico. No importa si se trata de gimnasia intensa o de limpieza general de la casa; lo importante es que la energía baje de la cabeza y fluya a través de los músculos, descargándose en la materia.

¿Y si la acción que deseas no es posible de inmediato? Imagina que sientes el impulso de hacer un viaje, pero tu realidad financiera o laboral actual te lo impide. No te quedes bloqueado en el «no puedo». Da un pequeño paso en esa dirección. Busca vuelos, estudia el itinerario, infórmate sobre los costes. Esto también es acción. Le estáis diciendo a vuestro sistema: «He recibido el impulso y lo estoy procesando». Este simple acto de alineación reduce drásticamente la ansiedad, transformándola en emoción constructiva.

Los dos guardianes del bloqueo: conflicto e incomodidad

Una vez que comprendemos cómo gestionar la energía de la acción, debemos abordar los mecanismos más profundos que crean barreras en nuestro flujo vital. Hay dos palabras clave que me gustaría que grabaran en su conciencia hoy: conflicto e incomodidad. Estos son los dos factores principales que participan en el mecanismo de bloqueo de la energía.

El primer factor: la anatomía del conflicto

¿Por qué pongo tanto énfasis en la palabra «conflicto»? Porque la energía, por su naturaleza, quiere fluir. Imaginen una manguera de jardín por la que fluye agua a alta presión. Si la manguera está libre, el agua fluye con fuerza y dirección. Pero, ¿qué pasa si alguien camina sobre ella o si la manguera se dobla? El agua no deja de empujar; la manguera comienza a hincharse, la presión aumenta en los puntos críticos y corre el riesgo de explotar.

En nuestro espacio interior, el «pie que aplasta la manguera» es el conflicto entre impulsos opuestos. Esto ocurre cuando una parte de ti quiere desesperadamente expandirse, manifestarse, gritar su verdad, mientras que otra parte, tal vez herida por burlas pasadas o condicionada por una educación rígida, está aterrorizada y quiere esconderse.

Es la clásica situación de «quisiera, pero no puedo». En ese preciso instante, dos vectores de fuerza iguales y opuestos chocan. La energía sube para sostener el deseo, pero es inmediatamente bloqueada por el miedo o la prohibición interior. Este impacto no se produce en el vacío, sino en vuestro cuerpo. La energía cinética, al no poder salir, se descarga en los músculos (creando tensiones crónicas), en el sistema nervioso (creando estrés) y en los órganos, cristalizándose en lo que llamamos bloqueos energéticos.

Este mecanismo es dolorosamente evidente en la gestión de las emociones, especialmente en el universo masculino, que sigue siendo víctima de condicionamientos arcaicos. Un hombre puede sentirse profundamente conmovido o perturbado, la energía emocional sube desde el corazón lista para ser expresada, pero se encuentra con el muro del programa mental: «los hombres no lloran», «tienes que ser fuerte». La energía se bloquea, se reprime. Pero reprimir una emoción es un acto de violencia interna. El organismo se «envenena» con lo que no se expresa, independientemente de si la emoción era alegría o dolor. Cada conflicto entre lo que siente el corazón y lo que permite la mente crea una fractura en nuestro campo, dispersando nuestro poder personal.

El segundo factor: el malestar como brújula

El segundo factor es más sutil, pero igualmente poderoso: el malestar. A menudo intentamos evitar el malestar, anestesiarlo, pero desde el punto de vista energético, el malestar es una señal valiosa. Es la luz roja del salpicadero que nos dice: «Aquí hay un bloqueo. Aquí la realidad no fluye».

La incomodidad casi siempre surge de una colisión entre nuestros mapas mentales (las creencias) y el territorio real de la vida. Una de las formas más agudas de incomodidad es la sensación de injusticia. Este sentimiento es un poderoso bloqueo de la carga energética.

Considera tus creencias profundas: tal vez crees que si eres honesto, el mundo será honesto contigo; que si sigues las reglas, serás recompensado; que en las relaciones la fidelidad es un valor absoluto y compartido. Este es tu sistema de valores, tu estructura. Pero entonces, inevitablemente, la realidad llama a la puerta y te muestra un escenario diferente. Te encuentras con la traición, la deshonestidad, el caos.

En ese momento se produce un choque violentísimo. Cuanto más apegados estéis a vuestra convicción de «cómo deberían ser las cosas», más fuerte será el bloqueo energético cuando la realidad os muestre «cómo son las cosas». La sensación de malestar es directamente proporcional a vuestra rigidez. Si os aferráis a la idea de que una relación debe durar para siempre, el momento de la separación no solo será doloroso, sino que será devastador a nivel energético, porque habréis creado una barrera contra el flujo natural de los acontecimientos.

El malestar te está diciendo que hay un conflicto entre tu expectativa y la realidad, y hasta que no disuelvas ese apego —practicando el principio del desapego y la aceptación fluida— la energía permanecerá bloqueada, creando sufrimiento.

La ilusión del equilibrio y la autorregulación del sistema

Cuando estos bloqueos persisten, nuestro sistema energético intenta adaptarse. El ser humano es una máquina biológica y espiritual ingeniosa, dotada de un mecanismo de autorregulación. Sin embargo, este «equilibrio» que encuentra el cuerpo no siempre es el que deseamos conscientemente.

A menudo pensamos en el equilibrio como un estado estático, perfecto. Pero en el sistema energético, la autorregulación sigue la ley de la conservación: la energía no desaparece, se desplaza. Si un canal está cerrado, la energía forzará el paso por otro lugar, creando desequilibrios.

Imagina tu sistema de chakras como una columna. Si hay bloqueos importantes en la parte inferior (supervivencia, sexualidad, poder personal) debido a miedos o conflictos no resueltos, la energía podría refugiarse en los centros superiores. Es un fenómeno que observo a menudo en las comunidades espirituales. Vemos personas con el tercer ojo hiperactivo, llenas de visiones, intuiciones, constantemente conectadas a realidades superiores, pero que viven en el caos material. Su vida financiera es un desastre, sus relaciones físicas son inexistentes, su capacidad de actuar es nula.

Esto es un «falso equilibrio». El sistema ha compensado el bloqueo en la parte inferior empujando todo hacia arriba. Estas personas viven en castillos en el aire, sueñan, fantasean, pero no tienen la energía en el chakra sacro o en el plexo solar para levantarse del sofá y manifestar esos sueños en la materia.

Por el contrario, todos conocemos al materialista empedernido: arraigado, poderoso económicamente, lleno de energía vital y sexual, pero totalmente desconectado del corazón y del espíritu. Aquí el bloqueo está en la parte superior, y la energía se ha condensado en la parte inferior.

El verdadero equilibrio, al que aspiramos en el camino de la maestría, no es tener «mucho» o «poco» de algo, sino tener un flujo. La energía debe fluir libremente del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, atravesando el corazón sin encontrar presas insuperables.

Síntomas y conciencia: el camino del retorno

¿Cómo sabemos si somos víctimas de este mecanismo de autorregulación disfuncional? El cuerpo y la psique nos lo dicen claramente. Si excluimos las patologías clínicas, desde el punto de vista energético los síntomas del bloqueo son inequívocos:

  • Cansancio rápido: Te cansas no porque hagas demasiado, sino porque retener la energía consume más recursos que usarla.
  • Comportamiento inadecuado o reactivo: Arrebatos de ira o llanto por motivos insignificantes.
  • Niebla mental: Lentitud, disminución de la memoria, dificultad para encontrar las palabras.
  • Apatía crónica: Esa sensación de «no tener ganas de nada», que a menudo indica un vacío energético en el segundo chakra, el centro del placer y la creatividad.

Si reconoces estas señales, no te juzgues. Simplemente está observando el diagnóstico de su sistema.

La clave es el corazón. Al ser el centro del sistema, el chakra cardíaco es el gran mediador. Todas las prácticas de equilibrio deben partir de la respiración a través del corazón, porque es el único punto capaz de armonizar las frecuencias densas de la tierra con las sutiles del espíritu.

Les dejo con una pregunta sobre la que meditar, no con la mente, sino con el corazón: En vuestra vida actual, ¿cuál de los dos factores está agotando vuestra vitalidad? ¿Es el conflicto entre lo que sentís y lo que hacés, o es la incomodidad de una realidad que te negás a aceptar?

La respuesta a esta pregunta es el primer paso para desbloquear la presa y permitir que vuestra energía vuelva a fluir, poderosa y libre, como está destinada a hacerlo.

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