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Cristo Cósmico: Amor y Luz en la Tierra
Descubre cómo el Cristo Cósmico, principio universal de amor y luz, se encarna por primera vez en la Tierra. Este artículo explora su impacto en el mundo interior y exterior.

Índice

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Este artículo forma parte de una serie de artículos sobre el principio del Cristo Cósmico, que incluye lo Divino Femenino y lo Divino Masculino:

  • El Cristo Cósmico: de la activación a la encarnación
  • La evolución del principio femenino
  • El nacimiento del Masculino Soberano

El Cristo Cósmico es el principio universal de la Unidad, el Amor y la Luz, que se refleja en cada persona, en cada colectividad e incluso en el propio planeta Tierra.

Si en las enseñanzas clásicas del cristianismo se entiende por Cristo un Salvador individual, en los materiales de Loren Gorgo se trata del Principio Divino Universal, accesible a todos como potencial supremo inherente a la propia estructura de la Creación.

En los últimos años, el tema de la manifestación (encarnación) del Cristo Cósmico se está volviendo fundamental para todos aquellos que sienten un impulso interior de vivir en nuevas vibraciones, superar los viejos límites y construir una vida basada en las Leyes Divinas del Amor, la Soberanía y la Unidad.

Sin embargo, este proceso se desarrolla en varias etapas: desde la activación de la conciencia hasta la completa materialización en el cuerpo, las relaciones, los proyectos y la realidad colectiva. Son precisamente estas etapas, sus mecanismos, las condiciones y la terminología necesaria las que se examinarán en detalle en este artículo.

El 2025 es el año de la materialización del Cristo Cósmico en la Tierra:

«La energía del Cristo Cósmico se vuelve material, es decir, la Ascensión deja de ser solo un concepto de la conciencia y se convierte en un proceso real, concreto».

Se trata de un nivel cualitativamente nuevo: si en años anteriores se hablaba de transformación interior, activación de nuevos códigos, sintonización con lo Divino, ahora la tarea es la encarnación: la realización de estos códigos en el cuerpo, en la sociedad, en nuevas relaciones y sistemas.

Toda la terminología y las interpretaciones contenidas en este artículo se han extraído rigurosamente de los materiales de Lauren Gorgo. Si este tema es nuevo para usted, obtendrá una comprensión estructurada de la esencia del Cristo Cósmico y podrá ver cómo este principio divino comienza a manifestarse y a realizarse en el mundo, por primera vez en la historia de la humanidad.

¿Quién es el Cristo Cósmico?

El Cristo Cósmico es el principio divino/universal expresado como Amor y Luz ⇾ Cristo Cósmico (Amor) (Luz).

El Cristo Cósmico es el Yo indiviso (aspecto único) que mantiene la unión de las fuerzas masculinas y femeninas a nivel no manifestado y sostiene nuestra Unidad con DIOS.

Es la parte de nosotros que custodia el Modelo Divino y todos los planes de nuestra Alma y Mónada, establecidos antes de nuestra encarnación en la materia.

Es el «canal» interno a través del cual podemos recibir directamente códigos, conocimientos, energía y apoyo de la Fuente, sin distorsiones ni intermediarios.

La manifestación del Cristo Cósmico es una nueva fase de la evolución de todo el planeta, de toda la raza humana e incluso de la propia Gaia (la Tierra), que está comenzando a manifestar físicamente su aspecto cósmico:

«… La propia Gaia está ahora encarnando su aspecto cósmico, construyendo relaciones entre su Ser cósmico y su Ser terrestre… ¡y dando vida a un espacio completamente nuevo, incontaminado, puro (cósmico/nirvánico), que aún no conocemos!».

 

Cualidades y funciones del Cristo Cósmico

El camino de encarnación del Cristo Cósmico va acompañado de la aparición de cualidades y principios únicos, que determinan la esencia de la conciencia crística en la Tierra. Estas propiedades son características reales de la nueva identidad que se está formando en el individuo, en la colectividad y en el planeta.

1. La integridad del Ser multidimensional y la «autoridad absoluta»

Una de las manifestaciones más importantes del Cristo Cósmico es la capacidad de mantener toda la plenitud de su Ser multidimensional, de ser al mismo tiempo cósmico y terrenal, sin perder ni una sola capa de su esencia. Esto significa vivir la autoridad interior absoluta, conocer y sentir la propia fuerza en todo momento, actuar como Amor, reescribiendo cualquier guion antiguo y sin dejarse involucrar por los dramas del pasado.

2. Estado «EN pero no DE»: estar en el mundo, pero no ser del mundo

El Cristo Cósmico encarnado se caracteriza por la capacidad de permanecer completamente involucrado en la vida terrenal, de interactuar con ella, pero sin dejarse atrapar por sus viejos escenarios, sin disolverse en los miedos y límites colectivos. Es una vida vista desde una perspectiva galáctica.

3. Canal de comunicación constante con la Fuente

El Cristo Cósmico es siempre un canal abierto para la transmisión de frecuencias divinas, conocimientos y códigos. Gracias a esta conexión constante y continua con la Fuente, el hombre se convierte en una «torre de transmisión», un conductor de nuevas energías en el planeta, capaz de actuar desde la unidad y de llevar nuevas frecuencias al colectivo.

4. Materialización de lo Divino en la materia

El resultado más importante de la encarnación del Cristo Cósmico es el nacimiento de un mundo nuevo, sin distorsiones, puro, en el que no solo el hombre, sino también el propio planeta comienzan a manifestar su aspecto Divino.

5. Máxima honestidad, autoestima y estabilidad

En este nivel, el hombre no acepta nada menos que la dignidad de su naturaleza divina. Se forma una paz interior, un equilibrio, una estabilidad independiente de las circunstancias externas, la capacidad de ser fiel a uno mismo incluso en condiciones de presión o caos.

6. Apoyo mutuo y equilibrio entre lo masculino y lo femenino

El Cristo Cósmico encarnado lleva en sí mismo la integración y la unión de lo Divino Masculino y lo Divino Femenino. El nuevo aspecto masculino proporciona estructura, protección y fuerza, mientras que el femenino garantiza la revelación de la creatividad, la independencia completa y un nuevo comienzo. Su equilibrio es la condición para la manifestación de lo Divino en todos los niveles.

7. Libertad para expresar la verdad y los dones

El Cristo Cósmico permite expresar fácil y naturalmente la propia verdad espiritual, compartir los dones únicos con el mundo e inspirar a los demás a través de una madurez auténtica.

El Cristo Cósmico es el aspecto de tu Ser que te permite estar simultáneamente en el mundo y más allá de él, mantener una autoridad interior absoluta, ser un canal constante de las frecuencias divinas, manifestar estabilidad, verdad y centrado, integrar lo masculino y lo femenino, encarnar físicamente el nuevo mundo divino y compartir tus dones con el planeta.

La encarnación del Cristo Cósmico

La materialización (encarnación) del Cristo Cósmico es imposible hasta que se restablezca e integre la unión de lo Divino Femenino (Madre Cósmica) y lo Divino Masculino a nivel planetario, colectivo e individual.

La desaparición de la Madre Divina: la raíz de la pérdida del Amor y la integridad

El largo período de dualidad ha llevado a la eliminación de la Madre Divina del campo colectivo de la Tierra. Esto ha sido el resultado de la distorsión de las energías, la supresión del principio femenino y la destrucción de la transmisión de la fuerza creativa a través del elemento femenino. Como consecuencia, la humanidad se ha encontrado separada de la Fuente, sumergida en una «matriz falsa» de miedo, supervivencia y control.

El principio femenino se vio atado a la matriz lunar falsa, perdió su independencia y su energía creativa, lo que se manifestó como cansancio crónico, miedo, sacrificio, incapacidad para vivir el Amor verdadero.

Las consecuencias para la psique colectiva fueron fundamentales. Con la desaparición de la Madre Divina, la humanidad perdió el sentido de seguridad interior, el apoyo, la capacidad de confiar en la vida y de apoyarse en su verdadera fuente de fuerza. Esto generó un profundo sentido de división, vulnerabilidad e inseguridad básica, que constituyeron la base de la cultura de la supervivencia.

En estas condiciones, el principio masculino se encontró desprovisto de apoyo interior, de conexión con el alma y de inspiración. Privado del apoyo femenino, lo masculino se volvió excesivamente controlador, rígido, agresivo o, por el contrario, interiormente vacío, conflictivo, propenso a la autodestrucción o a la huida hacia el poder externo.

Esta ruptura transformó al principio masculino de creador y defensor a «arquitecto de la supervivencia», obligado a depender de mecanismos de control externos y del miedo.

Véase también Exceso de energía femenina/masculina. Cómo alcanzar el equilibrio

Condiciones para la encarnación del Cristo Cósmico

1. El retorno de lo Divino Femenino

La tarea global de los últimos años es el restablecimiento de lo Divino Femenino (la Madre Cósmica), la purificación del canal colectivo e individual de la energía femenina y el restablecimiento de la verdadera conexión interior con la Fuente.

2. Renacimiento de lo Divino Masculino

Solo después del retorno del principio femenino es posible la renovación del masculino. Lo Divino Masculino no se basa en el control o la lucha, sino en la responsabilidad madura, el apoyo, la fuerza y la capacidad de estructurar el principio femenino. Lo masculino se convierte en un apoyo y una fuerza motriz para la expresión femenina, deja de ser un factor de opresión o conflicto interior.

Esta renovación ofrece al aspecto femenino la posibilidad de adquirir finalmente independencia, fuerza interior y seguridad.

3. La unión divina entre lo masculino y lo femenino

La encarnación del Cristo Cósmico solo es posible cuando ambos principios, lo Divino Femenino y lo Divino Masculino, no solo están equilibrados, sino integrados, unidos en una unión viva y creativa. Solo esta unión crea la arquitectura para la manifestación de la Frecuencia de Cristo en la materia.

Mientras al menos uno de estos principios esté distorsionado o suprimido, la energía del Cristo Cósmico seguirá siendo un potencial interior, pero no se realizará en la materia.

4. Materialización del Cristo Cósmico

La fase final es la materialización: cuando la unión de lo Divino Masculino y lo Divino Femenino está arraigada y estable dentro del individuo, del colectivo y a nivel planetario, se hace posible el verdadero descenso de la energía de Cristo, su arraigo y su manifestación en el cuerpo, en la vida, en las nuevas estructuras y en el propio campo colectivo de la Tierra.

Por lo tanto, la encarnación del Cristo Cósmico solo es posible cuando se ha restablecido la unión de lo Divino Femenino y Masculino dentro del individuo, la colectividad y el planeta. Solo entonces se produce el descenso real del código, su manifestación en el cuerpo, en los acontecimientos, en las relaciones y en los procesos colectivos, así como a nivel del propio planeta.

Cronología de los acontecimientos

2017-2019: Preparación del campo. Comienzo del retorno de la Madre Divina

2017 — apertura del Portal del Corazón Esmeralda, inicio del proceso de retorno de la energía de la Madre Divina al campo colectivo de la Tierra.

Las Operadoras del Amor continúan el trabajo individual y colectivo de sanación de las heridas femeninas, dejando ir los programas de sacrificio, miedo y supervivencia.

Portal del León 2019: activación del modelo del Cristo Cósmico en el plano sutil.

2020-2021: Sanación masiva y regreso de la Madre Cósmica. Inicio del proceso de renovación masculina.

Portal del León 2020: activación completa de la conciencia del Cristo Cósmico Solar.

Purificación colectiva de la línea femenina, ruptura de los lazos falsos con la matriz lunar (distorsionada), restablecimiento del vínculo con el Seno de la Creación de la Madre Cósmica.

El principio femenino se vuelve independiente por primera vez, pleno, capaz de crear sin miedo.

2021 — El principio del Cristo Cósmico afirma la Ley Divina y el Orden en el planeta.

Comienza la reorganización del principio masculino: inicio del proceso de renacimiento y renovación del masculino interior, salida del control, del miedo, de la guerra, nacimiento de un nuevo masculino que sostiene y protege a lo femenino.

En el interior se forma una nueva forma preparada para la próxima encarnación de la Presencia Divina.

2022 — Se restablece la conexión permanente entre el Ser Cósmico y el Ser humano (posibilidad de superponer nuevas coordenadas a la estructura física, transmisión continua de las frecuencias divinas).

La energía femenina ya ha sido devuelta, la masculina está atravesando una fase de profunda renovación.

En el interior surge una nueva estabilidad, se levanta un faro interior, se forma un espacio para la futura materialización.

2023: intenso trabajo con ambos principios: continúa el fortalecimiento del canal femenino, el principio masculino aprende a manifestar madurez, estructura, responsabilidad, capacidad de apoyo.

Se forma un campo de equilibrio interior, donde ambos principios pueden cooperar sin lucha y sin represión.

Se abre colectivamente el camino para la encarnación del Sol Resucitado, la manifestación física del arquetipo del Cristo/Cristesa a través del cuerpo y las acciones.

2024 — Comienza la fase de manifestación/encarnación: los códigos y las energías del Cristo Cósmico descienden a la materia y comienzan a manifestarse en el cuerpo, en nuevas acciones, proyectos, liderazgo, iniciativas colectivas.

Este proceso requiere el mantenimiento constante del equilibrio entre lo masculino y lo femenino en el interior, de lo contrario la materialización será incompleta o inestable.

El principio femenino encarna la fuerza creativa, el masculino construye nuevas estructuras, aparecen proyectos reales para la Nueva Tierra.

Realiza la meditación «Unión Divina», cuyo objetivo es dejar pasar a través de ti el flujo energético femenino puro y el masculino puro, uniéndolos dentro de ti para sentir lo que significa estar en equilibrio y anclar este estado.

2025: Materialización del Cristo Cósmico

Los códigos del Cristo Cósmico se encarnan realmente, se materializan a través del cuerpo, las finanzas, las relaciones, los proyectos, el campo colectivo.

Este es el año en que la Presencia Divina se vuelve física, real, activa en la Tierra.

La creación de las condiciones globales para la encarnación del Cristo Cósmico fue solo el primer paso fundamental en este camino. Después de que la unión entre lo Divino Femenino y lo Divino Masculino se restableciera a nivel planetario y colectivo y se reconstruyera la arquitectura energética de la Tierra, las posibilidades de nuevas experiencias se hicieron accesibles a todas las personas.

A partir de este momento, la tarea pasa al nivel personal: es precisamente dentro de cada uno de nosotros donde comienza el anclaje y la revelación del Cristo Cósmico. Este proceso comprende las fases de activación de la conciencia crística, el descenso de una nueva frecuencia en el cuerpo, en la vida y en las acciones manifestadas, así como la integración de lo Divino y lo humano en la realidad cotidiana.

A continuación veremos cómo se realiza este camino dentro del individuo, desde los primeros destellos de conciencia crística hasta la completa materialización de la Presencia Divina en la materia, en los acontecimientos y en las relaciones.

El anclaje del Cristo Cósmico en el hombre

1. Fase de activación de la conciencia crística

La conciencia crística es un estado eterno de Conciencia pura y no dualista, caracterizado por el Amor Divino, la Sabiduría y el Poder; es la completa Unidad con la Fuente.

1. Mecánica de la activación

El Camino del Maestro (el camino de Cristo) es una profunda integración y el retorno de todos los aspectos del ser (en todos los niveles, en diferentes dimensiones) al punto de integridad (punto cero).

Se trata de una fase fundamental en la que se restaura la memoria del alma, se restablece la conexión con la Fuente y se forma una nueva identidad del ser como «Dios encarnado en un cuerpo físico».

2. Manifestaciones principales

  • Conexión directa con los niveles cósmicos (cuánticos) de Ya.
  • Unidad interior y amor: experiencia del estado de unidad, expansión del amor incondicional, profunda aceptación de uno mismo y de los demás.
  • Despertar de la sabiduría y la fuerza: claridad interior, nuevo «conocimiento sin explicaciones», apoyo desde dentro, iluminaciones.
  • Expansión de la conciencia: liberación de la mente de los viejos programas dualistas, activación de los niveles superiores de pensamiento, fortalecimiento de la intuición.
  • Sentido de «Hogar», profunda conciencia de la propia esencia interior, de los propios dones únicos, expansión de las capacidades.
  • Llamada interior al servicio: deseo de ser «Camino, Verdad y Vida», de ser un ejemplo de lo Divino en la Tierra.

3. Alquimia de la Trinidad y creación interior

La activación de la conciencia crística inicia la unión dentro del individuo de los tres principios arquetípicos: la Madre Sagrada (lo Divino Femenino), el Padre Celestial (lo Divino Masculino) y el Santo Niño (el Ser puro del Creador).

Esta unión interior forma un «vaso» listo para recibir la luz de la conciencia crística y retenerla en el cuerpo.

4. Fases prácticas

  • Ascensión de la mente: salida de la matriz de la dualidad, reescritura de los programas mentales, integración de los niveles superiores del Yo.
  • Apertura del portal del corazón (Portal del Corazón Esmeralda): fortalecimiento de la capacidad de recibir y transmitir el Amor Divino.
  • Conciencia de la misión: aceptación del papel de conductor, guardián del nuevo ciclo de encarnación.

La culminación de esta fase es la formación de una identidad integral como manifestación viva de lo Divino, lista para una nueva encarnación, para la manifestación del Cristo Cósmico en el cuerpo, en las acciones, en la realidad colectiva:

Por lo tanto, la activación de la Conciencia Crística es una fase fundamental del camino del Cristo Cósmico, que inicia el proceso de encarnación de lo Divino en el mundo físico y forma un nuevo nivel de personalidad, capaz de mantener y manifestar la Unidad, el Amor, la Sabiduría y la Fuerza en todos los niveles de la vida.

2. Paso a la encarnación/materialización

La encarnación del Cristo Cósmico es la fase siguiente de la evolución, cuando la conciencia crística activada desciende al cuerpo y se convierte en una fuerza activa en nuestra vida física. Loren Gorgo describe este proceso como el descenso de la conciencia divina que conduce a la integración completa del espíritu y la materia.

En esta fase, el hombre ya no divide su esencia espiritual y terrenal:

«Nos convertimos simultáneamente en la plena expresión de nuestra naturaleza espiritual y humana. Nuestro Ser único, el aspecto del Cristo Cósmico, nace en el mundo a través de un nuevo «cuerpo genéticamente codificado» que ya contiene la semilla original del alma».

La condición fundamental para la encarnación es la reunificación de lo Divino Masculino y lo Divino Femenino. En el plano no manifestado, esta unión es sostenida por el mismo Cristo Cósmico, mientras que en el mundo manifestado es sostenida por el Cristo encarnado y la Cristesa (el Sol Resucitado), que arraigan estas energías en la materia.

«El Sol Resucitado es el componente físico de Cristo/Cristesa, que permite al aspecto del Cristo Cósmico transmitir el conocimiento cósmico a nuestro cuerpo terrenal».

El principio fundamental de la encarnación es primero el ascenso (regreso a la Fuente, activación de la conciencia crística), luego el descenso (anclaje de la luz recibida en el cuerpo, en las acciones, en los proyectos, en las relaciones).

Véase también Arquitectura de la ascensión colectiva

Integración de lo divino y lo humano

Todo comienza con el ascenso vertical, la salida de la dualidad, la liberación de los programas de miedo, dolor y sufrimiento.

Es el retorno a la unidad con Dios, la activación de la Conciencia Solar del Cristo Cósmico, el momento en que se abre un portal permanente hacia la mente de la Fuente, se borra la barrera entre lo humano y lo divino, aparece un nuevo nivel de claridad, amor, expansión de la conciencia.

Es precisamente en esta fase cuando el hombre obtiene acceso al conocimiento instantáneo, a las ideas, a las iluminaciones del «nuevo servidor de la Tierra».

La siguiente fase es la horizontal. No se trata simplemente de un «regreso a la sociedad», sino de la manifestación de la conciencia crística a nivel del cuerpo, la vida cotidiana, las relaciones, las estructuras reales y los proyectos:

«… y luego descender de nuevo a la vida para encarnar y expresar esta conciencia superior (horizontalmente), a través del plano lateral de la existencia. Es precisamente este derecho de nacimiento lo que estamos devolviendo a la Tierra y a la humanidad mediante el restablecimiento de las líneas temporales del Edén/Paraíso/Cristo».

Esta es la vida en la Tierra con el Ser Divino integrado. El hombre se convierte en aquel que «lleva consigo» al planeta el principio del Amor-Luz, donde cada elección, acción y relación se convierte en manifestación de un orden superior.

«Renacemos como almas íntegras, y esto significa: 1) que ya no hay división entre nuestro Ser humano y el galáctico-Divino, y 2) que estamos despiertos tanto a nivel cósmico como humano, lo que, a su vez, crea la conexión necesaria para expandirnos ahora en anchura (horizontalmente) así como nos hemos elevado en altura (verticalmente)».

Solo entonces desaparece la división interior entre lo humano y lo Divino. Ahora es posible no solo «ser luz», sino también manifestar esta luz en las acciones materiales, en las relaciones, en la creatividad, en la gestión y en la contribución social.

«Esto lo cambia todo a nivel físico, y ahora estamos pasando a una forma mucho más fuerte e independiente de interactuar con la vida: estamos aprendiendo a mantener toda la multidimensionalidad de nuestro Ser en el mundo cotidiano… a manifestar nuestra «autoridad absoluta» desde dentro… a recordar nuestra propia fuerza en todo momento (como AMOR) para resucitar y reescribir cualquier escenario kármico sin dejarnos involucrar».

Es precisamente en esta experiencia donde se forma el verdadero canal del Cristo Cósmico, un estado en el que el hombre está completamente involucrado en la vida, pero no pierde el contacto con la Fuente, no se fusiona con los viejos programas y las viejas limitaciones.

Conclusión

En este material hemos analizado qué procesos y transformaciones globales han sido realizados por las fuerzas superiores para preparar a la humanidad y al planeta para la encarnación del Cristo Cósmico.

Hemos visto que el regreso de la Madre Divina y el renacimiento del Divino Masculino crean las bases fundamentales para el descenso y la materialización de la conciencia crística en la materia.

Sin embargo, esta unión no es solo un proceso colectivo, sino también un proceso interno que debe realizarse en cada persona.

En los próximos artículos examinaremos con más detalle lo que está sucediendo con la parte femenina y masculina de la personalidad, las etapas por las que pasan su sanación y renovación, y cómo se alcanza ese equilibrio interior necesario para la encarnación real y el despliegue del potencial del Cristo Cósmico.

Hoy nos encontramos en los albores del Renacimiento planetario, el momento en que los cielos se unen completamente a la Tierra y cada alma tiene la oportunidad de convertirse en un canal vivo de Amor, Luz y Unidad, ¡lo que siempre hemos sido en nuestra esencia!

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Svetlana Cainac

Autora y Arquitecta de Realidades Cuánticas. Diseña rutas de evolución consciente para disolver los límites interiores y armonizar la dualidad, guiando hacia la integración plena del Ser.

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